Conociendo a los traductores: Ana, la traductora invisible

Segundo artículo de una serie que aborda la vida secreta de un animal discreto llamado “traductor autónomo»: Ana, la traductora invisible.

El traductor se parece un poco a un buen árbitro de fútbol: cuanto menos se hace notar, mejor es. Esta es la opinión de Ana, traductora freelance que colabora con la agencia de traducción en París Cultures Connection. Nos brindó un espacio valioso en su cargada agenda para responder a nuestras preguntas.

– ¿Cuál es para usted el mayor desafío al trabajar como traductora?

– El desafío máximo para mí es lograr ser transparente, desaparecer, hacer como si mi trabajo nunca hubiese existido, como si nunca hubiese tocado el texto que me dieron para traducir. A mi entender, el objetivo de cualquier traductor debería ser que se olviden de él.

– ¿Qué entiende por volverse “transparente”?

– Para mí, se presentan dos ideales en la traducción. El primero es un principio básico que supone que el lector debe llegar al final del texto sin siquiera pensar que podría tratarse de una traducción. El segundo ideal es otro desafío que aplica especialmente en el campo de la traducción literaria, pero también rige para una traducción de marketing, una traducción financiera o una traducción jurídica: no imponer mi marca en el texto a traducir, borrar mi intervención para que el texto traducido sea lo más fiel posible al texto original.

– ¿Cómo logra borrar su marca, como usted dice, cuando ofrece servicios de traducción?

– Es necesario renunciar a la pretensión de brillar, de mostrarse y también ponerse al servicio del texto, respetuosamente, sin permitirse pensar que lo podemos mejorar, por ejemplo… Creo que se trata ante de todo de humildad y de entender que el “éxito” o por lo menos la satisfacción del traductor no consiste en demonstrar su virtuosismo o dominio de la lengua de origen. Mejor volverse escritor en ese caso.

– ¿Cómo vive su condición de “trabajadora en las sombras”?

– En realidad, muy bien. Estoy completamente satisfecha de mi trabajo cuando recibo comentarios como los que mencionaba recién, cuando personas me dicen “no me di cuenta que era una traducción”. Además, soy puntillosa y perfeccionista como pocas. Por lo tanto, cuando una agencia de traducción me propone un proyecto, disfruto al buscar meticulosamente las mejores maneras de expresar cada idea…

– ¿No tiene la tentación de querer personalizar un poco su trabajo?

– Mi “toque personal” es precisamente el perfeccionismo que mencionaba recién. En ese sentido siento que efectivamente, mi trabajo contiene algo personal. En cambio, si dejase mi huella en el texto a través de alguna expresión rebuscada, una palabra arcaica pero “que quedaría tan bien“ o incluso una puntuación personal… No, eso no. Eso iría justamente en contra de mi perfeccionismo.

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