“La traducción es más que un pasaje de una lengua a otra”

En una nueva celebración del Día Internacional de la Traducción, Cultures Connection charló con Marita Propato, traductora y presidenta de la Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes, sobre la evolución de las tareas de traducción e interpretación, con acento en las lenguas originarias y en Argentina.

El Día Internacional de la Traducción es el 30 de septiembre en conmemoración al fallecimiento de Jerónimo de Estridón, traductor de la Biblia. La idea surgió en 1991 desde la Federación Internacional de Traductores (FIT), asociación mundial de traductores e intérpretes, para la promoción de una profesión clave en un planeta globalizado y como una forma de unir a los traductores del mundo. En 2017, esta fecha también fue reconocida por las Naciones Unidas (ONU), que nacieron prácticamente junto a los intérpretes al calor de los juicios de Nuremberg por una necesidad internacional de juzgar lo que había pasado durante la Segunda Guerra Mundial.

En un nuevo aniversario, Marita Propato (Buenos Aires; 1967), presidenta de la Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes (AATI), una organización sin fines de lucro que comenzó en 1984 para promover el oficio en el país, celebra este reconocimiento al que considera importante por su gran visibilidad hacia el sector.

La AATI, que es miembro de la FIT y tiene unos 400 socios, festejará su día nada menos que con el recibimiento por primera vez en Buenos Aires de la Asamblea de América Latina de la FIT (FIT LatAm), en la que habrá elecciones para el próximo mandato 2018-2021 y se programarán iniciativas regionales en beneficio de la profesión. Este año, el tema elegido por la FIT para la celebración es “La traducción como agente de promoción del patrimonio cultural en tiempos de cambio”, en línea con la decisión de la ONU de declarar el 2019 “Año Internacional de las Lenguas Originarias”.

– Respecto al lema de la FIT, ¿qué piensa de la evolución en la relación entre la traducción y las lenguas originarias?

– La traducción y la interpretación son dos de los oficios más antiguos del mundo que existen desde que los pueblos necesitaron comunicarse. Estuvieron presentes en nuestro continente antes de la conquista y hay registros históricos de intérpretes desde de la conquista. Hubo muchísimas barreras y malentendidos, pero también gente que se dedicó a facilitar la comunicación entre los líderes de las lenguas originarias y los recién llegados. Por mucho tiempo no se reconocieron las lenguas originarias, se les restó importancia o a lo mejor las comunicaciones eran reducidas y no se les dio visibilidad. Llevándolo al plano actual, si queremos revitalizarlas, se tienen que abordar como lenguas de pleno derecho que son. Es fundamental que las propias comunidades originarias tengan la posibilidad de expresar su voz y de cómo quieren que sus traducciones sean. Hay jóvenes que son completamente bilingües con sus lenguas originarias y aprendidas, y que se pueden dedicar a revisar textos.

– ¿Hay una autocrítica de los traductores sobre esta invisibilización?

– El lenguaje es parte de la cultura. En el caso de una cultura dominante siempre hay otra que queda relegada. Ahora se están revisando todos esos movimientos. Desde hace años la comunidad internacional de traductores está llamando la atención sobre las lenguas originarias de todos los continentes, que cada vez se hablan menos porque hay menos hablantes. Creo que hay un resurgimiento de valorizar esas lenguas y culturas y no permitir que se extingan.

– ¿Qué cosas hace la AATI para esto?

– Hicimos varias presentaciones de lenguas originarias en la Feria del Libro con representantes mapuches, quichuas y guaraníes. Para los que no sabemos mucho sobre esas lenguas fueron interesantes porque no hablan solamente de su lengua, sino también de su cultura, concepciones y espiritualidad. Además, presentamos a la FIT un proyecto de capacitación para peritos intérpretes en Chaco. Muchas veces hay personas de comunidades originarias que son citados a la Justicia y no pueden expresarse en otro idioma, entonces van acompañados de algún familiar o representante de la comunidad que tiene algunas herramientas de español y de traducción mínimas. Cuando se las cita en Capital Federal, donde hay mucha más disponibilidad de todo, si no hay traductor público matriculado en ese idioma, pueden citar a un idóneo sin título pero que puede comprobar que sabe los dos idiomas. El Colegio de Traductores Públicos de Buenos Aires les da cierta capacitación para actuar de perito-intérprete, pero en el Interior no. Por eso la AATI detectó esa necesidad y se hizo una capacitación en Chaco con herramientas mínimas: se les explicó a las personas que trabajaban como peritos e intérpretes sus derechos, que siempre se usa la primera persona, no puede agregarse más información que la que da el interpretado. Todo para facilitar la comunicación. Hay que ver cómo damos continuidad a estas iniciativas porque nuestra asociación es para todo el país, a veces recibimos solicitudes del Interior pero no siempre tenemos disponibilidad porque el trabajo que hacemos es ad honorem.

Desde hace años la comunidad internacional de traductores está llamando la atención sobre las lenguas originarias de todos los continentes, que cada vez se hablan menos porque hay menos hablantes.

– ¿Por qué no hay una agrupación gremial para los traductores e intérpretes en Argentina? 

– No sé, porque tenemos colegios y asociaciones que no cumplen exactamente esa función pero sí tienen como misión defender sus derechos. En general son actividades bastante independientes y solitarias, entonces por la historia de cómo se configuraron en nuestro país no hay una asociación gremial como en Francia. No hay una tradición pero se podría hacerla, habría que estudiar bien cómo hacer un marco jurídico y tener iniciativa. La AATI justamente surgió como iniciativa al ver que los traductores literarios y científico-técnicos no tenían representación.

– ¿Qué hay de cierto en que Argentina tiene un buen nivel de traducción?

– Tenemos muy buen nivel de traducción e interpretación. Hubo una corriente de traductores literarios como Borges y Cortázar, grandes figuras de nuestra historia que sin ser específicamente formados en traducción, por su genialidad, conocimiento de idiomas e interés en la literatura, se destacaron. Estoy en contacto con muchas asociaciones de la región que nos tienen como referencia. Tenemos muy buenas escuelas universitarias y terciarias formadoras. Hay mucha ocupación por la formación continua.

– Argentina siempre fue muy reconocida en la literatura, ¿cómo es la situación en otros campos?

– Hay muchísima traducción científico-técnica. Muchos de nosotros trabajamos con agencias, empresas y organismos del exterior. Estamos considerados por el actual Gobierno como parte del sector de los trabajadores del conocimiento y, dentro de ello, como exportadores de servicios. Ahora hay mucho trabajo de interpretación porque se están haciendo varias reuniones internacionales relacionadas con los eventos de la actualidad. Por ejemplo, como Argentina tiene la presidencia del G20, hay reuniones de todos sus grupos de afinidad como el empresario, el sindical, las asociaciones civiles. Es una época movida y es genial.

Las traducciones más complejas como slogans de marketing o textos jurídicos siempre van a necesitar traducción humana.

– ¿Cómo cambió el oficio con los procesos de globalización y aparición de nuevas tecnologías?

– Creo que cambió para mejor. Tenemos una riqueza de información impresionante en la punta de los dedos. Los intérpretes, por ejemplo, pueden entrenar con videos de gente muy profesional gratuitamente en Internet. Otra ventaja es la colaboración, es mucho más rápida con los formularios compartidos en donde se pueden ver las correcciones, eso sirve mucho a los traductores. Hoy hay herramientas automáticas que pueden hacer bastante bien la traducción. Google Translate mejoró un montón, pero así y todo sigue habiendo algunos errores muy importantes que solo el ojo humano puede detectar. Las traducciones más complejas como slogans de marketing o textos jurídicos siempre van a necesitar traducción humana. Hay desventajas, por supuesto. Los que trabajamos freelance nunca nos terminamos de desentender del trabajo, es un poco el mal de nuestro tiempo. Ahora, con la globalización, se encuentran también más puntos en común porque toda la gente y las culturas se acercan, el mundo se hace más chico, pero tampoco es completa la comunicación, por eso la traducción es más que un pasaje de una lengua a otra, tenemos que mediar entre idiomas.

– ¿Qué significa que la traducción trata de mediar?

– Hay muchos procesos en la traducción que se relacionan con lo que está meramente escrito pero después hay otros que tienen que ver con la interacción con el emisor y receptor del mensaje. Si hago traducción literaria no siempre voy a contar con el autor del libro, entonces voy a tener que imaginar su contexto o su biografía para encontrar el sentimiento del texto, no solo el sentido. El sentido es la piedra fundamental pero hay cosas que van más allá. Umberto Eco decía que había que desarrollar una sensibilidad que sería como un oído. La traducción no es algo automático donde veo “red” y traduzco “rojo”, muchas veces se puede pero otras no. Tenemos que tener en cuenta que formamos parte del acto de comunicación. La cercanía con el receptor es sumamente importante también. Si comunico a un niño o a familias hispanoparlantes de la comunidad de Massachusetts que llegaron hace una semana y no saben qué hacer con un formulario médico, voy a intentar simplificar lo máximo posible.

– ¿Qué importancia tiene que la ONU haya reconocido el Día de la Traducción?

– Tiene mucha importancia porque es un organismo que está en el candelero de la agenda mundial. Creo que es uno de los máximos reconocimientos que podíamos tener. Hay otros grandes debates como los problemas para garantizar los derechos de los intérpretes en las zonas de conflicto, porque muchas veces los han tomado como rehenes o puesto presos. Todo lo que tiene que ver con la accesibilidad y la lengua de señas también porque los sordomudos hablan otro idioma y no es el mismo en Argentina que en España. La interacción máquina-humano y cómo nos servimos de los robots para hacer mejores trabajos es otro tema importante. A lo mejor ya estaba el reconocimiento al traductor por el prestigio que es trabajar para las Naciones Unidas pero ahora está puesto en un día y es una visibilización clave.

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