Historias de traductores: Jorge Luis Borges

El 14 de junio 1986, falleció en Ginebra uno de los escritores más importantes del siglo XX, Jorge Luis Borges. Con motivo de esta fecha, repasemos un poco la faceta traductora de Borges.

La trayectoria de Jorge Luis Borges como traductor

Con solo nueve años, Borges tradujo El príncipe feliz, de Oscar Wilde, del inglés al español. El hecho de que su primera obra publicada fuese una traducción y el orgullo que esta le generó son un claro indicio del lugar importante que ocupa la traducción en la obra del gran escritor argentino. Si bien nunca trabajó para una agencia de traducción, Borges tradujo a lo largo de toda su vida. Su extensa trayectoria como traductor incluye textos del inglés, francés, alemán, inglés antiguo, incluso, del nórdico antiguo; como también las obras de William Faulkner, André Gide, Hermann Hesse, Franz Kafka, Rudyard Kipling, Edgar Allan Poe, Henri Michaux, Jack London, H. G. Wells, George Bernard Shaw, Jonathan Swift Walt Whitman y Virginia Woolf, entre otros.

La «doctrina» del Borges traductor

Para Borges, la traducción no consistía en transferir un texto de un idioma a otro, sino más bien en transformar un texto en otro. Por tal motivo, sostenía que incluso la traducción literal, debido al cambio de las coordenadas espacio-temporales, implica significados, diferentes connotaciones y asociaciones, un principio que es tan válido para la traducción literaria como para la traducción comercial o la traducción jurídica.

 ¿Una traducción puede superar el texto original?

Una de las razones por las que Borges estaba tan interesado en la traducción se debía, según él, a que esta podía enriquecer un texto o, incluso, mejorarlo. Para él, revisar las diferentes versiones de una obra era una de las experiencias literarias más interesantes que podía vivir. Borges era muy consciente de que el cambio de código lingüístico podía generar pérdidas, aunque sostenía que dichas pérdidas, a veces, eran necesarias.

El «método» Borges

El Borges traductor se tomaba muchas libertades con respecto al texto original. Tras analizar las traducciones de Borges, tal como lo hizo Efraín Kristal, podemos llegar a la conclusión de que Borges aplicaba un «método»:

  1. Eliminar elementos considerados redundantes, innecesarios o inconsistentes;
  2. Eliminar distracciones textuales;
  3. Añadir matices (cambiar el título, por ejemplo);
  4. Reescribir un texto a la luz de otro (como cuando tradujo a Angelus Silesius, autor místico del siglo XVII, confiriéndole cierta sensibilidad postnietzscheana);
  5. Incluir de forma esporádica traducciones literales de un texto en uno de sus propios textos.

Traducciones falsas

Borges también recurrió a la seudeopigrafía (un libro cuyo nombre o título del autor es falso) en el campo de la traducción. En su juventud, el hombre que sería más tarde el autor de El Aleph y de El libro de arena escribía una columna en la revista argentina El Hogar, en la que publicaba regularmente textos de su puño y letra. De tanto en tanto, también publicaba en dicha revista, al estilo de Emanuel Swedenborg o de Las mil y una noches, traducciones de textos que alegaba haber encontrado de casualidad… cuando esos textos eran, sin lugar a dudas, de su autoría.