Las dificultades de la traducción de cuentos infantiles

Descubre en este artículo las dificultades insospechadas de la traducción de los cuentos para niños y el importante papel que desempeña el traductor.

Las historias como las de Harry Potter o de Alicia en el País de las Maravillas han marcado nuestra infancia y la de nuestros hijos. Incluso han cruzado nuestras fronteras. ¿De hecho, quien hubiera pensado que desde su primera edición en 1864, Alicia en el País de las Maravillas se traduciría al francés más de 50 veces? Y si las traducciones cambian y evolucionan con el tiempo, trayendo con ellas su cuota de referencias culturales, algunos cuentos pasan a través de los años sin envejecer. ¿Quién no ha leído o visto a Blanca Nieves, Cenicienta o Pulgarcito? Aunque estas historias sean inicialmente destinadas a los niños, esto no quiere decir que sean más fáciles de traducir… todo lo contrario! Un traductor literario debe también ser escritor. Traducir para un público joven genera una cantidad de restricciones lingüísticas y culturales, ya que, como lo dice R.-M. Vassalo, estos «lectores de mochila ligera» no son tan experimentados como lo es un público adulto.

Tomemos como ejemplo la traducción al francés del cuento «El Diablo Inglés» de María Elena Walsh, escritora argentina, conocida por sus libros para niños.

Musicalidad y transcreación

Los cuentos suelen ser cantados. Por lo tanto es importante, en el caso de que hayan rimas, conservarlas. Por ejemplo, en «El Diablo Inglés», la autora hace cantar a uno de sus personajes: «Por el aire viene el ave, por el río viene el pez, y yo vengo por el tiempo a cantarle a no sé quién, en una noche cualquiera de 1806…». Para conservar las rimas y la métrica que en este caso son importantes, una traducción al francés posible sería: «L’oiseau vole dans les cieux, entre les eaux le poisson glisse, je viens chanter pour qui veut, en cette nuit de 1806…». Uno debe tener mucha imaginación para llegar a este tipo de traducción y por eso necesita ser un poco escritor.

El público destinatario y las dificultades de la interculturalidad

Si uno habla de un niño también habla de un lector con poca experiencia. Ahí surge la dificultad que consiste en respetar el humor y el exotismo del texto original pero asegurándose que el niño comprende el sentido del mismo. Por ejemplo, en una enumeración de platos de desayuno, será fácil para el niño entender la palabra inglesa «porridge», ya que se utiliza en un contexto específico.
Ocurre lo mismo con los nombres extranjeros. En «El Diablo Inglés», el personaje principal se llama Tomás. Se trata de elegir entre afrancesar el nombre o mantener la autenticidad del texto conservándolo como en el texto original. En este último caso, es importante tener en cuenta que el aspecto exótico del texto introduce el niño a diferentes culturas.
Los cuentos también tienen un aspecto educativo. De hecho, es importante traducir correctamente la moraleja, con todas las sutilezas que la acompañan.

Adaptación: ilustraciones y neologismos

Los cuentos suelen ser muy cortos y dejan un margen pequeño para la adaptación. Además, la riqueza del vocabulario varía según los idiomas. Así por ejemplo, la lengua inglesa ofrece una cantidad de términos más importante para describir los olores, las sensaciones o los sonidos que el francés. Desafortunadamente, esto puede conducir a una sensación de frustración para el traductor y el texto traducido puede parecer más pobre desde un punto de vista lingüístico. Pero es uno de los gajes del oficio. Acerca de los neologismos, la decisión de adaptar el texto o no la tiene el traductor, sin perder de vista el público destinatario.

Las ilustraciones forman parte integrante de la historia. Por lo tanto, hay que respetar su significado.

El secreto de una buena adaptación para un público juvenil es lograr hacer olvidar al lector que es una traducción. Así uno consigue transmitir la esencia del texto, su musicalidad, su ritmo, su autenticidad… El traductor nos abre las puertas a otras culturas.

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