Cómo traducir poesía

Traducir poesía es una experiencia íntima, de introspección. Cada palabra está cargada de significaciones personales, únicas, sin equivalencias.

La poesía es una experiencia íntima, de introspección. Cada palabra está cargada de significaciones personales, únicas, sin equivalencias. Y esto puede volver un poema intraducible: la sensación (angustiante) de no poder trasladar ese sentimiento expresado a otro idioma. ¡Qué difícil resulta traducir poesía!

Traducir poesía: una historia de amor entre una poetisa y un traductor

Una de las alternativas posibles es lograr el encuentro entre el poeta y el traductor, para que de este modo puedan intercambiar impresiones sobre lo escrito y lo leído. Esto puede sonar utópico: los autores de otros siglos ya no están entre nosotros, y los contemporáneos viven en un mundo donde los tiempos necesarios para detenerse, reunirse y pensar son difíciles de encontrar. Sin embargo, les contaré la historia de un Encuentro que sí ocurrió.

Nadia es poetisa. Ezequiel es músico y traductor. Juntos, construyeron una gran amistad  mientras se aventuran en los caminos misteriosos de la poesía. Ella crea. Él lee, siente, la interroga: ¿Qué significa «diadurno»? ¿Qué evocás cuando mencionás el «pantallazo»? La respuesta puede desestabilizar al traductor que busca simplificar su tarea: «Cuando escribí «pantallazo», pensaba en el titileo de la televisión, pero provocado por la sucesión del día y de la noche». El oficio del traductor será de reponer esta imagen en otro idioma. Lo mismo con los dobles sentidos, los cambios de registro, el uso de los tiempo verbales, los neologismos.

No hay duda, la faena es ardua. El trabajo en conjunto entre la poetisa y el traductor permitió buscar un punto medio entre la significación de los versos en el idioma de partida y el mejor resultado en el idioma de llegada. Buscaron sinónimos de cada concepto, analizaron sus sutilezas. La poetisa insistía en la importancia de la musicalidad (escuchaba la lectura en francés aún sin entender la lengua).

Estos encuentros fueron de una gran riqueza para el traductor pero también fueron reveladores para la poetisa. Descubrió motivos, estructuras gramaticales, palabras recurrentes en su poesía. Darle la mayor transparencia a sus versos fue un viaje psíquico que le permitió entender mejor su forma de escribir. También surgieron algunas sorpresas: algunos versos revelaban una nueva sonoridad en la traducción (la magia de las lenguas). La traducción abrió nuevos caminos, despertó a la inspiración. Un ciclo de enriquecimiento mutuo, de amor, entre los dos, traductor y poeta, se había cerrado.

En este viaje, Ezequiel también acompaña los recitados de Nadia con su guitarra. El proceso es el mismo. Traduce con notas musicales los sentimientos evocados en las poesías. O mejor dicho, los interpreta. Comparto con ustedes una de esas presentaciones, mientras ellos siguen descifrando el misterio poético.

Quiero agradecer a Nadia Beatriz Medina y a Ezequiel Martínez Kolodens por brindarme con tanta generosidad los secretos de su trabajo.

Video realizado por Román Murillo

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