Una interpretación turística al sol en Marsella

Un grupo de turistas húngaros, polacos, rumanos y turcos disfrutó de una de las ciudades más importantes de Francia de la mano de Cultures Connection.

¿Es posible conocer Marsella sin hablar francés? ¿Cómo podría saberse que Le Panier, ese barrio antiguo que parece otra ciudad dentro de la ciudad por su apariencia de señora grande con clase, calma pero colorida y bien mantenida, fue creado por los primeros griegos que llegaron en el 600 a.C.? ¿O que la multiplicación de comercios multiétnicos que se amontonan por las calles sucias de Belsunce esconde una de las zonas de más poder en los años de esplendor del Puerto Viejo? Unos 250 turistas provenientes de Hungría, Polonia, Rumania y Turquía pudieron disfrutar de este encanto único en Francia el 24 de octubre pasado, gracias a Cultures Connection y sus servicios de interpretación.

La comitiva llegó a Marsella por mar en el lujoso crucero Symphony of the Seas, una nueva embarcación que pertenece a la empresa naviera Royal Caribbean y es considerada la más grande del mundo. Bien temprano en la mañana, ocho intérpretes contratados por la agencia esperaron al grupo en el puerto junto a los buses que harían los recorridos por el centro de la ciudad, conocida por ser una de las más antiguas en territorio francés, la segunda más populosa y una de las puertas de entrada más importantes de Europa. Durante unas cinco horas, los acompañaron en una visita guiada en la que tuvieron el desafío de realizar interpretaciones de enlace y consecutiva del francés y el inglés al húngaro, polaco, rumano y turco.

El circuito turístico abarcó lo mejor de la historia, la cultura y los paisajes de Marsella. Se hicieron paradas en la Cornisa Kennedy y sus postales del azul intenso del mar Mediterráneo; en la Iglesia Notre Dame de la Garde, la catedral bizantina que cuida a los habitantes desde las alturas; y en el Viejo Puerto, símbolo del ambiente bullicioso y cosmopolita marsellés, donde se realizó un tour a pie. Aunque el otoño suele ser una época del año de lluvias en la región, el buen tiempo acompañó igual de bien que los intérpretes.

En los buses, los profesionales oficiaban de enlace entre las consultas de los pasajeros y las explicaciones de los guías sobre los museos, los fuertes históricos o los mercados callejeros. Cuando se hacían paradas, daban su versión consecutiva de las exposiciones. “La interpretación estuvo realmente muy bien por la cooperación entre los guías, la preparación previa que hice sobre Marsella y la ayuda de la agencia, que nos facilitó todo para hacer nuestras vidas y trabajos más sencillos”, sostiene Attila, uno de los intérpretes inglés-húngaro que participó de la actividad.

Una interpretación a contrareloj

Cultures Connection recibió el pedido de interpretación solo cinco días antes de la llegada de los turistas. En ese tiempo, desde su sede en Niza, contactó a los profesionales más aptos para cada idioma, gestionó el traslado y el alojamiento para aquellos que vinieron desde el exterior, y coordinó el trabajo para el día del evento en comunicación constante con el cliente. Una tarea invisible pero muy exigente.

“Los representantes de la agencia fueron muy útiles en todos los sentidos, desde para informarnos sobre la naturaleza de la actividad hasta para la reservación del hotel y mis vuelos”, cuenta Attila, intérprete profesional desde hace cinco años y titulado con un Máster en Traducción e Interpretación por la Universidad de Eötvös Loránd de Budapest.

Oana, una de las dos intérpretes inglés/francés-rumano, explica que el mayor desafío fue manejar un grupo numeroso y mantener el profesionalismo en un clima informal. “Como el número de la gente involucrada era muy grande, la organización fue compleja. El programa se acortó y trabajamos para optimizar el tiempo y los resultados. En el bus éramos 39 turistas, dos guías y dos intérpretes, y con mi compañera alternábamos el trabajo intentando que sea equilibrado para las dos. Teníamos auriculares y micrófonos a disposición. Creo que el resultado fue positivo porque todos parecían conformes con la visita guiada”, afirma.

Licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad del Oeste de Timisoara, Oana viajó desde Estrasburgo para la interpretación turística. Si bien estaba con un encargo allí que la hacía dudar en aceptar el trabajo, logró manejar los dos. “La preparación previa me hacía dudar en aceptar, pero finalmente lo hice. Formar parte de este proyecto fue una enorme oportunidad de combinar mis pasiones por la interpretación y el turismo”, opina.

Attila debió moverse desde más lejos aún, Hungría fue su punto de partida: “Por lo general, tomo trabajos con poca anticipación, es raro que esté comprometido con proyectos a largo plazo. Por eso no fue un problema incluir en mi agenda tres días en Marsella y viajar especialmente para esta actividad. Fue una gran experiencia”.

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