Otros horizontes para el traductor: la publicidad

Sabemos que ser traductor freelance no asegura tener siempre trabajo y esto nos lleva a buscar nuevos clientes sin parar hasta lograr una preciada estabilidad. Una de las maneras de romper con esta lógica es buscar nuevos horizontes, nuevos campos de aplicación. ¿Cómo pueden los traductores conseguir insertarse en el mundo de la medicina, de la arquitectura, de la publicidad?

El traductor como espejo de otra cultura

Puede resultar fundamental durante una campaña de colocación de un producto nuevo en el mercado. Si un producto busca ser vendido en otro país, con otro idioma,  sería interesante para el publicista contar con equivalentes lingüísticos del idioma sobre el mensaje que quisiera transmitir para vender. Las empresas de marketing desarrollan largos y costosos estudios para analizar a que franja etaria van a apuntar, cuáles son los intereses de sus potenciales compradores para finalmente idear el nombre del producto y su mensaje publicitario apuntado directamente hacia ese mercado. Si este mismo proceso no se repite al vender a otro país con otro idioma, otra cultura, el mensaje dirigido ya no será el mismo. Por ejemplo, si un producto en Estados Unidos busca venderse a un público infantil, al ser vendido en América Latina con el mismo nombre y mensaje en inglés, se apuntaría directamente a un público más adolescente o adulto y a otro sector socio-económico (ya que es necesaria una formación importante para entender el inglés como un nativo).

Podemos hacer la experiencia en el mercado actual. Un objeto curioso relativamente nuevo no tiene nombre. Es «ese brazo largo», «esa pinza que no es una pinza», «lo que sirve para ancianos y embarazadas», «eso que se vende en la tele», «ese coso que es genial». Ante la falta de marca, de referencia, se lo describe, se explica su funcionamiento. Esta falta de bautismo lo condena a quedarse afuera del uso cotidiano, del éxito, porque una y otra vez se lo tendrá que definir para referirse a él, y nunca quedará asentado como un objeto familiar. Sin embargo, éste es el objetivo de todo publicista. Entonces, aquí entraría el traductor. Este es el producto que nos presentan:

pinzer

A mi entender, es un producto realmente atractivo, y podría ingresar fácilmente al mercado con una buena campaña. Y además de la típica invasión publicitaria a todos los medios visuales, un nombre pegadizo y familiar puede ser determinante. Es verdad que hay otra gente especializada en ubicar targets de mercado y encontrar el nombre de marca adecuado para cada producto, pero el traductor tiene la ventaja de conocer los equivalentes de una cultura dónde se creó el producto en una nueva cultura dónde se lo quiere introducir. Este objeto tiene nombres comerciales en inglés, por ejemplo: «Pro Reacher», «Grabber», «Grip n’ Grab»,… Son denominaciones que «atrapan» al cliente, con el perdón del juego de palabras. Pero la cultura en lengua española es otra (ni hablemos de la de cada país latinoamericano).

Me puse en la piel del traductor encargado en una empresa de Proveer adecuación a un nuevo mercado y en la reunión sobre Estrategias de ventas de este nuevo producto propuse su denominación para el mercado de habla hispana: el Pinzer ®. Es una palabra corta, efectiva, que en su contenido ya explica la utilidad del objeto, y tiene muchas posibilidad de ingresar al lenguaje corriente. Se podría por ejemplo impulsar una conjugación de la palabra: «Pinzeé la pelota», «¿Podrías Pinzear detrás del sillón que no llego a agarrar la botella?». Las posibilidades de éxito del producto crecieron ya que el nombre suena familiar . ¿Qué les parece?