La traducción: ¿sueño o pesadilla?

¿Cómo lidiar con una traducción compleja? Nuestros consejos para evitar errores de traducción y producir una trabajo de calidad.

¿Cómo lidiar con una traducción compleja? Federico, traductor e intérprete, nos da consejos para evitar los errores de traducción y producir una traducción de calidad.

La diferencia entre sufrir y disfrutar de nuestra profesión de traductor

A la hora de encarar una traducción, a veces se me viene a la cabeza el recuerdo de otros colegas (amigos, compañeros, conocidos…) que se toman un nuevo encargo de traducción de manera tan negativa que se anulan totalmente. Para ellos, quizá por falta de vocación, por falta de ganas o de interés en el tema, afrontar un texto nuevo a traducir es una desdicha, una tarea insufrible.

Pero aquí es donde me gusta hacer la diferencia, ya que para mí traducir es un placer (de acuerdo, no siempre, pero por lo general lo es), y me gusta cuando logro dar lo mejor de mí. Por eso, yo creo firmemente que la diferencia entre esos colegas y yo está en el enfoque inicial. En ese sentido, me gusta pensar que, en verdad, traducir debería ser como un sueño lúcido: esos raros casos en los que, durante el período de sueño normal, uno es capaz de ir moldeando lo que sucede en nuestro muy personal mundo onírico. El resultado termina siendo lo suficientemente satisfactorio como para que uno llegue a disfrutar del momento. Sentimos que podemos volar, y muchas veces lo hacemos.

En cambio, la pesadilla es, en sí misma, un monstruo; es ese algo incontrolable a lo que a veces nos enfrentamos, queramos o no, y que nos domina de tal manera que tan sólo el terror nos queda como opción. Y la parálisis. El resultado de una pesadilla, al contrario del de un sueño, suele ser grotesco: sabemos el pavor que nos provocó, pero cuando intentamos relatar los sucesos de la pesadilla nos damos cuenta de que es, precisamente, algo inefable; no se lo puede explicar con palabras. Esta es la gran diferencia respecto del sueño lúcido, que se ve muy bien reflejada en los resultados.

Encarar de esta manera un encargo de traducción nos puede llevar a producir una mala traducción, que es en sí misma una pesadilla: la vivimos, es parte de nuestra experiencia, pero, a pesar de haberla transitado de principio a fin, y de poder incluso recordar sus momentos más memorables, al final no podemos sacar un sentido claro a lo que acabamos de leer, e, incluso, podemos llegar al sinsentido.

Por eso me parece importante encarar de manera positiva toda nueva traducción, y con responsabilidad, ya que depende de nosotros, los proveedores de servicios de traducción, el no someter a nuestros futuros lectores a esa situación casi dolorosa que significa leer una mala traducción. Nuestro enfoque inicial, y nuestro objetivo, debería ser siempre el del sueño lúcido, para poder tener el control y disfrutar una tarea que puede resultar muy satisfactoria, ya que nos da cierta libertad, si sabemos dónde aplicarla.

Además, ¿a quién no le gusta remontar vuelo de vez en cuando?

¡Gracias a Nicolás P. por su colaboración!

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