Historias de traductores: Julio Cortázar

Hoy, 26 de agosto, nació Cortázar. Por eso, centraremos nuestra atención en la traducción de Robinson Crusoe que realizó el famoso escritor argentino.

Hoy, 26 de agosto, es el cumpleaños del gran escritor argentino Julio Cortázar (ahora, tendría 101 años). Con motivo de esta fecha, analicemos la vertiente quizá menos conocida de su obra, pero no menos interesante: Julio Cortázar traductor.

Cortázar: primero, traductor; luego, escritor

Julio Cortázar es uno de esos grandes escritores que, al igual que su compatriota Borges, empezó como traductor antes de convertirse en escritor. El autor de Rayuela, una de las novelas en lengua española más influyente del siglo XX, confiesa: «También creo que lo que me ayudó fue aprender un idioma extranjero a muy temprana edad, y reconozco que, desde un principio, la traducción me fascinó. Si no fuese escritor, sería traductor».

Juventud y educación

Julio Cortázar nació en Bruselas en 1914 de padres argentinos. Antes de que su familia decidiera regresar a la Argentina, Cortázar vivió sus primeros años en Suiza y en España. De frágil contextura, mientras guardaba cama durante largos días, leía a Jules Verne, Rimbaud, Montaigne y Cocteau, entre otros. Así, con total naturalidad, empezó su carrera como profesor en letras, más tarde, como profesor de literatura francesa, antes de dedicarse cada vez más a la traducción.

Julio Cortázar, traductor

Si bien desde 1937 traduce para la revista francesa Leoplan, su primera traducción literaria es la de Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, en 1945. Este es el comienzo de una larga serie, mencionemos, por ejemplo, las traducciones de Marguerite Yourcenar (Memorias de Adriano,1955), G.K. Chesterton, André Gide, o incluso, Marcel Aymé, entre otros. En 1948 obtiene el título de traductor jurado en inglés y francés, y empieza a trabajar en organismos internacionales, tales como la UNESCO o la Comisión de Energía Atómica.

La traducción de Robinson Crusoe por Cortázar

Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, es la primera traducción literaria de Cortázar. Cabe señalar que Cortázar, al igual que Borges, no duda en retocar el texto original. Si bien es cierto que la obra de Defoe, considerada la primera novela en idioma inglés, sufre, desde su publicación en 1719, numerosas mutilaciones, las intervenciones de Cortázar no dejan de sorprender: de todo el proceso que vive el protagonista de la novela —cuando pasa del ateísmo al cristianismo— se omite toda referencia. Por tal motivo, en la versión traducida por el escritor argentino, ¡faltan páginas enteras de cuestionamientos místico-religiosos! Por ejemplo, en el siguiente pasaje, Cortázar consideró conveniente publicar sin rodeos:

La versión de Defoe

(…) how [the devil] had a secret access to our passions and to our affections, and to adapt his snares to our inclinations, so as to cause us even to be our own tempters, and run upon our destruction by our own choice.

I found it was not so easy to imprint right notions in his mind about the devil as it was about the being of a God. Nature assisted all my arguments to evidence to him even the necessity of a great First Cause, an overruling, governing Power, a secret directing Providence, and of the equity and justice of paying homage to Him that made us, and the like; but there appeared nothing of this kind in the notion of an evil spirit, of his origin, his being, his nature, and above all, of his inclination to do evil, and to draw us in to do so too; and the poor creature puzzled me once in such a manner, by a question merely natural and innocent, that I scarce knew what to say to him. I had been talking a great deal to him of the power of God, His omnipotence, His aversion to sin, His being a consuming fire to the workers of iniquity; how, as He had made us all, He could destroy us and all the world in a moment; and he listened with great seriousness to me all the while. After this I had been telling him how the devil was God’s enemy in the hearts of men, and used all his malice and skill to defeat the good designs of Providence, and to ruin the kingdom of Christ in the world, and the like.

La versión de Cortázar

Le mostré cómo el diablo tiene secreto acceso a nuestras pasiones y nuestros afectos, y la astucia con que tiende sus trampas aprovechando nuestras inclinaciones a fin de que nosotros mismos nos tentemos y nos hundamos voluntariamente en la destrucción.

Le decía yo cómo el diablo es el enemigo de Dios en el corazón de los hombres y emplea allí toda su malicia y su destreza para impedir los buenos designios de la Providencia, a fin de ocasionar la ruina del reino de Cristo, cuando Viernes me interrumpió.

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