Cuando el orador y el intérprete no se entienden

No hay intérprete que no haya dado alguna vez un paso en falso. Repasamos los errores de interpretación más llamativos en la historia de la profesión.

En interpretación como en cualquier otra profesión, errar es humano. No hay intérprete que no haya dado, alguna vez, un paso en falso, que no haya cometido un error gracioso o un contrasentido aterrador. Desafortunadamente, hubo casos en que salió perjudicado un intérprete, un orador, una delegación, o incluso, un pueblo. Según Stephen Sekel, exjefe del departamento de traducción inglesa de las Naciones Unidas, estos descuidos casi nunca se castigan, pues el único efecto que provocan es la risa general de la audiencia.

Para evitar una situación embarazosa, verifique siempre tener el micrófono bajo control, debe estar encendido únicamente cuando el orador habla, apagado cuando no se dice nada y no emita comentario alguno, déjelo para la pausa. De este modo, evitará cualquier contratiempo que pudiera perjudicar su reputación, o incluso, costarle el empleo. ¿Recuerdan el incidente que tuvo lugar en una Asamblea general de las Naciones Unidas cuando los Estados miembros votaban nueve resoluciones sobre Palestina, lo que una intérprete consideró «un poco demasiado»? Por tal motivo, en la medida de lo posible, asegúrense de saber el nombre y la función de cada uno de los oradores y de las personas presentes en la Asamblea. Así no se estresarán al tener que repetir un nombre extranjero incomprensible haciéndoles perder el hilo del resto del discurso.

A pesar de estos consejos básicos, el error puede cometerse en el momento menos esperado. En su devolución, pueden deslizarse contrasentidos, cambios de significado, incomprensiones y errores de interpretación sin más. La clave es conservar una actitud profesional y adquirir una capacidad que no tiene precio: la autocorrección.

Repasemos algunos de los errores de interpretación más épicos de la historia.

Por ejemplo, una intérprete fue despedida en el acto porque confundió «estar constipado» con «être constipé » cuando, en realidad, al tomar la palabra la delegada española explicó que estaba resfriada. Si bien la Asamblea se desternillaba de risa, la afectada vivió un momento incómodo.

Pero estos errores pueden causar algo peor que el despido, la muerte. En 1980, cuando el joven Willie Ramirez ingresó en Emergencias por envenenamiento, en la prisa, la palabra española «intoxicado» se tradujo literalmente por «intoxicated», drogado. Como el joven no recibió el tratamiento adecuado, murió.

Algo más divertido sucedió en 1977, durante el mandato del Presidente Carter. En visita oficial a Polonia, un intérprete ruso que no dominaba muy bien el polaco provocó la carcajada de los medios de comunicación nacionales cuando anunció que el Presidente había renunciado a los Estados Unidos y no que se había marchado. Y, cuando enunció sus aspiraciones para el futuro, el intérprete, que tendría que haberse abstenido de interpretar al polaco, habló de lujuria.

Por último, en plena Guerra Fría, un intérprete estadounidense, que no entendió bien una frase susurrada por Nikita Jrushchov, interpretó «nosotros los enterraremos» en vez de «viviremos más tiempo que ustedes», lo que produjo cierto escalofrío. Y para seguir con el tema de la guerra, algunos creen que el origen del bombardeo de Hiroshima se debe, en parte, a un error de interpretación. Sin embargo, esta hipótesis queda a criterio de cada uno.

En cuanto a la falta de profesionalismo, ¿recuerdan al joven que se hizo pasar por intérprete de señas de Barack Obama durante el homenaje a Nelson Mandela en diciembre de 2013?

Todo esto juega a favor de aquellos que desconfían de los servicios de interpretación y prefieren hablar en un inglés defectuoso o escuchar el discurso original, aun sin estar familiarizados con el idioma. Cabe señalar que aunque ciertos errores pueden llegar a ser divertidos, en algunos casos, podrían haberse evitado, si se hubiesen respetado las condiciones laborales del intérprete.

Por lo tanto, no permitan que su empleador siga el ejemplo de Muamar el Gadafi, quien habló por el micrófono más de 75 minutos, con lo cual su intérprete, que trabajaba solo, se desmayó en la cabina. Tengamos en cuenta que todos los intérpretes son profesionales calificados y que ejercen una actividad de alto voltaje, por ende, ¡sepamos perdonar!

Y ustedes, ¿recuerdan algún incidente memorable?

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