Conozca a los traductores: Marjorie, de pequeños trabajos a traductora recibida

Después de David y de Ana, Marjorie responderá hoy a la pregunta… Nos abocaremos a la formación del traductor y a las dificultades específicas de la profesión.

¿Cómo llegaste a ser traductora?

Por casualidad… Estudié letras, y luego me fui a vivir a Toronto. Allí, ejercí diferentes oficios: camarera, profesora de francés, trabajé en una editorial… Por último, a través de una amiga, llegué a la traducción. Al aceptar el proyecto, tal como ella dijo, estaba abarcando más de lo que podía. Necesitaba desesperadamente ayuda, y como yo acababa de dejar un empleo y no tenía otro por el momento, disponía de tiempo. Se trataba de una traducción del inglés al francés. Como ella sabía que yo era bilingüe, me pidió que la ayudara. Por supuesto acepté, pues necesitaba el dinero.

¿Esto quiere decir que para ser traductor, basta con ser bilingüe?

Ah, no… De verdad, no sé si ese primer proyecto que llevé a cabo era de calidad. Supongo que mi amiga habrá pasado mucho tiempo corrigiendo mi parte… Pero es cierto que, en un principio, pensé: Soy bilingüe inglés-francés, ¿puede ser tan difícil traducir un texto de un idioma al otro? La práctica hace al maestro, pero también practicando uno se da cuenta de lo difícil que es llegar a ser maestro.

¿Cuáles son las dificultades propias del trabajo de traductor?

Si dejamos de lado los aspectos «periféricos», tales como las cuestiones organizativas, la planificación, la administración, como también las dimensiones tecnológicas y psicológicas del trabajo para analizar solo las cuestiones técnicas, bueno…, yo diría que las principales dificultades son múltiples: primero hay cuestiones léxicas, particularmente en el caso de las traducciones especializadas como puede ser la traducción jurídica, la traducción financiera o la traducción médica. Luego, tenemos la dimensión cultural y social que deben tenerse en cuenta, por ejemplo, las connotaciones, los matices, las alusiones. Sin mencionar las cuestiones rítmicas y eufónicas propias de la traducción literaria.

¿Cómo se aprende todo eso?

En mi caso, gran parte de mi aprendizaje lo hice sobre la marcha, como suele decirse. Después de este primer proyecto, emprendimos una colaboración regular con mi amiga. Por lo tanto, empecé a adquirir experiencia de esa manera. Después de unos meses, decidí tomar esta nueva actividad con mayor seriedad y empecé a formarme como traductora. En retrospectiva, diría que ambos aspectos son esenciales: el conocimiento teórico que se obtiene a través de estudios universitarios y el conocimiento práctico, es decir, la experiencia que solo la «acción» puede brindarnos.

¿Qué consejo le daría a un(a) traductor(a) principiante?

Traduzca. Traduzca mucho. Para trabajar con un proveedor de servicios de traducción en París, se necesitan estudios, por ejemplo, pero la práctica… no hay nada como la práctica.